Volatilidad
La volatilidad mide cuánto varía el precio de un activo (una acción, un fondo, un índice) en un periodo de tiempo determinado, independientemente de si esas variaciones son al alza o a la baja. Un activo muy volátil experimenta subidas y bajadas de precio grandes y frecuentes; un activo poco volátil se mueve de forma más suave y predecible. Estadísticamente, la volatilidad se suele calcular como la desviación típica de la rentabilidad de un activo en un periodo dado, y se expresa habitualmente en términos anualizados y en porcentaje. La volatilidad es una de las medidas de riesgo más utilizadas en finanzas, aunque conviene matizar que no es exactamente lo mismo que "riesgo de perder dinero": un activo puede ser volátil y aun así tener una tendencia de fondo positiva a largo plazo. En general, los activos de renta variable (acciones) son más volátiles que los de renta fija (bonos), y dentro de la renta variable, sectores como la tecnología o las empresas pequeñas suelen ser más volátiles que sectores más estables como el de bienes de consumo básico. Para un inversor con un horizonte temporal largo, la volatilidad a corto plazo importa menos, porque el activo tiene tiempo de recuperarse de las caídas; para alguien que necesita el dinero pronto, la volatilidad es un riesgo mucho más relevante a tener en cuenta.
Ejemplo
Dos fondos tienen la misma rentabilidad media anual del 7%, pero el Fondo A sube y baja entre el -15% y el +25% cada año, mientras que el Fondo B se mueve siempre entre el +4% y el +10%. El Fondo A es mucho más volátil que el Fondo B, aunque a largo plazo ambos podrían dar un resultado similar.