Renta fija

La renta fija engloba los activos financieros —principalmente bonos y obligaciones, emitidos por gobiernos o por empresas— en los que el emisor se compromete, desde el momento de la emisión, a devolver el capital prestado en una fecha determinada (el vencimiento) y a pagar un interés periódico pactado de antemano (el cupón). El término "fija" hace referencia a que las condiciones del pago —no necesariamente el precio del activo en el mercado secundario— están fijadas de antemano, a diferencia de la renta variable, donde no existe ninguna promesa de rendimiento. Comprar un bono es, en esencia, prestar dinero al emisor: un bono del Estado español es un préstamo al Tesoro Público; un bono corporativo es un préstamo a una empresa. El riesgo principal de la renta fija es doble: el riesgo de crédito (que el emisor no pueda devolver el dinero, algo mucho más habitual en bonos de empresas con problemas financieros que en deuda pública de países solventes) y el riesgo de tipos de interés (si los tipos de interés generales suben después de comprar un bono, su precio de mercado baja, porque los nuevos bonos que se emiten ofrecen mejores condiciones). En general, y aunque hay excepciones, la renta fija se considera menos volátil y de menor riesgo que la renta variable, por lo que suele tener un peso mayor en las carteras de perfiles conservadores.

Ejemplo

Un bono del Estado a 10 años con un cupón del 3% y un valor nominal de 1.000€ paga 30€ de intereses cada año durante 10 años, y al vencimiento devuelve los 1.000€ iniciales, siempre que el emisor no incurra en impago.