Liquidez

La liquidez es la facilidad, rapidez y coste con el que un activo puede convertirse en dinero en efectivo disponible, sin que ese proceso implique una pérdida significativa de valor. El dinero en efectivo o en una cuenta corriente es, por definición, el activo más líquido: está disponible de forma inmediata. En el otro extremo, activos como un inmueble o una participación en una empresa no cotizada son mucho menos líquidos: venderlos puede llevar semanas o meses, y a veces exige aceptar un precio inferior al valor "real" para encontrar comprador rápido. Entre esos dos extremos se sitúan la mayoría de los productos de inversión: las acciones y los ETF cotizados en bolsas de gran volumen suelen ser muy líquidos (se pueden vender en segundos durante el horario de mercado), mientras que ciertos fondos de inversión, planes de pensiones o depósitos a plazo fijo tienen restricciones o penalizaciones por reembolso anticipado que reducen su liquidez. La liquidez es un factor clave a tener en cuenta junto con el horizonte temporal de cada inversión: no tiene sentido inmovilizar en un producto poco líquido el dinero que se pueda necesitar a corto plazo para un imprevisto, por buena que sea su rentabilidad esperada. Por eso muchos planificadores financieros recomiendan mantener un "fondo de emergencia" en productos muy líquidos, separado del resto de los ahorros destinados a inversión a más largo plazo.

Ejemplo

Si tienes 5.000€ en una cuenta de ahorro, puedes retirarlos en minutos: es un activo muy líquido. Si esos mismos 5.000€ están invertidos en un plan de pensiones, normalmente no podrás disponer de ellos hasta la jubilación (salvo excepciones legales), por lo que su liquidez es muy baja, aunque el dinero siga siendo tuyo.