Diversificación

La diversificación es la estrategia de repartir el dinero invertido entre distintos activos —acciones, bonos, sectores, zonas geográficas, divisas— en lugar de concentrarlo todo en uno solo. La idea central es que distintos activos no suelen moverse exactamente igual: cuando uno cae, otro puede mantenerse estable o incluso subir, lo que suaviza el resultado conjunto de la cartera. Diversificar no elimina el riesgo por completo (existe un riesgo "sistémico" o de mercado que afecta a casi todos los activos a la vez, por ejemplo en una crisis financiera global), pero sí reduce de forma significativa el llamado riesgo "específico" o "no sistemático": el que depende de una empresa, sector o país concretos. Por ejemplo, invertir todo el dinero en las acciones de una sola empresa expone al inversor a que un problema propio de esa empresa (una mala gestión, un escándalo, la pérdida de un mercado clave) arruine toda la inversión; repartir esa misma cantidad entre cientos de empresas distintas reduce enormemente ese riesgo concreto, aunque el inversor siga expuesto a que el mercado en su conjunto baje. Los fondos indexados y los ETF son dos de las herramientas más habituales para diversificar de forma sencilla y con poco capital, ya que replican índices compuestos por decenas o cientos de empresas en una sola operación de compra.

Ejemplo

Invertir 10.000€ solo en acciones de una empresa significa que, si esa empresa cae un 50%, se pierden 5.000€. Invertir esos mismos 10.000€ repartidos a partes iguales entre 100 empresas distintas de un índice significa que, aunque varias de ellas caigan un 50%, el efecto sobre el conjunto de la cartera es mucho menor si el resto se mantiene estable o sube.