Comisión de gestión

La comisión de gestión es el coste que cobra la entidad gestora de un fondo de inversión, plan de pensiones u otro producto similar por administrar el dinero de los partícipes: seleccionar los activos, hacer el seguimiento, cumplir con las obligaciones legales, etc. Se expresa habitualmente como un porcentaje anual sobre el patrimonio invertido (por ejemplo, un 1,5% anual), y se descuenta de forma continua del valor del fondo, por lo que el inversor no la ve como un cargo aparte, sino como una reducción silenciosa de la rentabilidad. A menudo se agrupa junto con otros gastos del fondo (depositaría, auditoría...) bajo el nombre de TER (Total Expense Ratio, o ratio de gastos totales). Aunque una diferencia de uno o dos puntos porcentuales en la comisión anual puede parecer pequeña, su efecto es enorme a largo plazo debido al interés compuesto: cada euro que se paga en comisiones deja de generar, a su vez, nuevos rendimientos en los años siguientes. Los fondos de gestión activa, en los que un equipo de gestores toma decisiones para intentar batir al mercado, suelen tener comisiones de gestión sensiblemente más altas (entre el 1% y el 2,5% anual) que los fondos indexados o los ETF de gestión pasiva, a menudo por debajo del 0,3% anual.

Ejemplo

10.000€ invertidos durante 30 años al 7% de rentabilidad bruta anual terminan en unos 76.465€ con una comisión del 0,2% anual, pero solo en unos 44.677€ con una comisión del 2% anual: casi 32.000€ menos, debidos únicamente al efecto acumulado de la comisión.

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